lunes, 30 de agosto de 2010

Puente de los Chocoyos

Considerado monumento de Xelajú, por su gran belleza e importancia arquitectónica, y pintado y alagado por muchos artistas locales y extranjeros. Utilizado para el paso peatonal en tiempos de lluvia cuando las correntadas del río que por allí pasaba obstaculizaban el paso y dejaba incomunicada la ciudad de Quetzaltenango.

Su elaboración en 1883 fue originalmente tallado en piedra, pero ha recibido varias remodelaciones con el pasar del tiempo.


Esta es una de las evidencias que en Xela el pasar del tiempo se siente poco. Cada vez que llego por allí, me encanta sentir el aroma de la leña que se mezcla con el frío de las tardes.


Se puede imaginar a los enamorados reuniéndose debajo del puente a la luz de la luna. A los niños jugando en su cima, mientras ahora se puede ver a la gente caminando por debajo de esta bella y antes muy útil estructura.

Como siempre los invito a que cuando visiten Xela, le den una breve visita a tan histórico puente.

lunes, 19 de julio de 2010

Una vida compartida y extendida en el tiempo y espacio

FERMIN QUEME TUCUX: Una vida compartida y extendida en el tiempo y espacio

Nació el 24 de Junio de 1921, el mero día de San Juán, allá por el barrio de la Transfiguración, en la pura bajadita.

Hijo de Luís Quemé Yax y de Carmen Tucux Oroxom. El comerciante y agricultor, ella “marranera” de las auténticas.

Fermín fue el hermano menor de Isaura y Ricardo y mayor que Narciso y Benedicto.
5 hermanos que se quedaron huérfanos de padre cuando eran niños aún.

Esta realidad marcó para ellos, una vida de grandes contrastes y muchas limitantes que forjaron un espíritu de lucha y una gran capacidad para enfrentar muchos retos pero también para superarlos.

A Fermin, la vida le robó la infancia porque desde pequeño su destino fue el trabajo, aprendiendo la tejeduría allá con don Agustin Yax, aparte tenía, con su hermano Ricardo, que ir al monte a cortar y acarrear sobre sus infantiles espaldas, la leña para el hogar, desde las faldas del cerro candelaria, bajo el sol o la lluvia, muchas veces con el estomago vacío, afortunadamente los cerezos abundaban a la orilla del camino.

Su niñez y juventud tuvieron como escenario los barrios indígenas de San Bartolo, el Bolivar, la transfiguración, la cruz de piedra y el calvario. Sus pies descalzos dejaron huella en la she lajuj noj de los ancestros.

Más tarde, siendo jóven forma parte de un grupo de entrañables amigos con los cuales se “echaban los tragos y empezaban a cantinear”, tal las expresiones de la época.

Con todo respeto, podemos recordar a los hermanos Pac, Teodoro y Moisés, al “Chato Cotí, al “Curro”, a Jorge Marroquín y a otros honorables señores algunos ya fallecidos, que se esmeraban trabajando todo el año para poder, en Semana Santa, estrenar un su tacuche de grano de oro, sombrero Stetson y zapatos con suela de goma y así tomarse los tragos en el famoso TECUN, escenas plasmadas en las cámaras fotográficas en forma de cajón y marca Kodak.

Siempre recordaba su primer viaje a la ciudad capital, allá por 1950, cuando se viajaba en transportes EXPRESS, se iba por Godínez y el viaje duraba unas 10 horas, con su petate en la mano para dormir en la sastrería de un primo que se había asentado cerca de la sexta avenida y 17 calle de la zona 1

Más o menos en 1940, se independiza e instala su taller de tejeduría que le brindaría el espacio y la oportunidad de desarrollar su talento e inventiva, convirtiéndose en un consumado artesano, comerciante y agricultor.

En 1944, se une en vida común con una bella y agraciada jovencita de 17 años, llamada CATALINA SOFIA CHAY, con quien compartió alegrías y tristezas durante 66 años, hasta la fecha. Procreando 9 hijos, dos fallecidos y 7 medio vivos.

Poco después incursiona en la tintorería, revolucionando los métodos artesanales aplicando sus propios inventos tecnológicos, donde combinaba la madera con los motores eléctricos para optimizar la producción, utilizando su ingenio a pesar de que solo cursó dos años de la primaria.

Tampoco esto le impidió dedicarse constantemente a la lectura y al cultivo de su cuerpo con sus habituales saunazos.

Fermin Quemé fue un hombre tímido y temeroso, lo cual compensaba con su profunda sabiduría y fe religiosa. Razón por la cual se entregó en cuerpo y alma a la Asociación del Señor Sepultado y a la Cofradía Mayor del Niño del Santísimo, con pasión y proyección social.

38 años de sobriedad, siguiendo un programa de recuperación y servicio, le proporcionaron una profunda sabiduría que aplicó para su vida, para sus amigos y compañeros cercanos. Sabiduría sustentada en la humildad, en la fe en un poder superior y en la propia voluntad para superar las limitantes y defectos de carácter. Nosotros, su familia fuimos los más beneficiados de ello.

Bajito de estatura, pero de una altura espiritual enorme, y con una sed de aprender hasta el último de sus días, hicieron que a sus 82 años de edad se inscribiera en el INTECAP, para aprender carpintería, su última profesión.

Hoy, se cierran varios ciclos:

La carga de leña se perdió en el tiempo, a la vuelta de la vereda.
Los telares se detuvieron.
La tintorería desapareció.
Las plazas de San Pedro Sacatepéquez, la Mesilla y San Francisco el Alto ya no son lo que eran.
La procesión del Señor sepultado está incompleta sin él.
Fermín Quemé ha dejado de existir materialmente, el niño del Santísimo lo ha venido a traer para encontrase con su padre Luís, después de 80 años de no verse y para celebrar el cumpleaños de su mamá Carmen mañana 16 de Julio.

Lo que no desaparecerá es el recuerdo y el ejemplo, en tanto siga viva su descendencia y su vida se haya prolongado a través de sus 7 hijos, 26 nietos y 21 bisnietos. Incluyendo a la última bisnieta nacida hoy (15 de julio) y llamada Adriana Sofía.

Por eso, Fermín Quemé Tucux sigue vivo en nosotros y con nosotros.
Por eso Fermín Quemé, como lo dice nuestro libro sagrado el Pop Vuj, tendrá LARGA VIDA Y UTIL EXISTENCIA.

viernes, 4 de junio de 2010

Museo del Ferrocarril de Guatemala

Al entrar al museo del ferrocarril se despiertan muchos sentimientos. Muchos de duda, del porque en Guatemala no se usa un sistema moderno de transporte de trenes. Y otros de asombro al ver estas antiguas maquinas e imaginarse (para los que no tuvimos el placer de viajar en tren en Guate) de como fueron esos tiempos y los largos viajes por los recorridos que tomaba el tren.

En el museo se encuentran varios objetos y fotos que muestran la época de gloria del ferrocarril en Guatemala. Así como uso de los primeros teléfonos, los hoteles cercanos a las estaciones que brindaban hospedaje a los viajeros; los planos de las estructuras usadas por el sistema de trenes. Y por supuesto las grandes maquinas que ahora son parte del mobiliario del museo. Algunas de las maquinas eran impulsadas por vapor y otras por gasolina o diesel, y bueno, otras por la energía humana, ya que también se ven bicicletas que se transportaban por la vía ferrea.
Vagones de lujo, vagones de carga y correspondencia, eran los grandes que formaban los ferrocarriles de Fegua. Se puede apreciar el vagón presidencial, el cual fue ocupado por varios. Imaginarse a la gente cargando su equipaje, despidiéndose de sus familiares y preparase para transportarse por un largo viaje a tierras lejanas, y así, disfrutar de la vista llena de lagos y montañas de nuestro hermoso país.
Imaginarse todo eso da ganas de cuidar mejor de nuestro medio ambiente, para que en futuras generaciones esos viajes que ahora hacemos en carro o en bus sigan siendo un espectáculo para aquel que va viendo los hermosos paisajes por la ventana.


Es interesante ver los artículos que forman parte del museo, y así recordar o imaginarse por todo lo que nuestro país ha pasado para llegar a donde estamos. Espero que mucho de lo que se realiza a futuro sea pensando en generaciones próximas, y que sea algo que perdure el pasar de los años. Y no simples obras que no tardan a ver el sol del próximo año.

Así que como siempre, los invito a que se den un lindo paseo por el pasado en el museo de Ferrocarriles de Guatemala (Fegua).